jueves, octubre 23, 2008

...

Apenas es lunes y ya estoy pensando en una razón para no amarle. El olor a pino me llama hacia la ventana, donde puedo observar el reflejo de él en la cama. Duerme de lado con la mejilla enrojecida y parece que no despertará en un buen rato. Mujer, ¿cuántas ocasiones he escuchado esa palabra? Recuerdo una vez donde alguien enterraba sus dientes en mi cuello con un respeto tan profundo, que lo tuve desde los dedos hasta el último suspiro de cansancio que, en medio de una agria melodía con voz de violonchelo, le quitó la vida. Y lo siento como si existiese una fotografía que confirmara no era su cadáver. El cielo se nubla, miro la calle y huelo los pinos, siento necesitar más de un cigarro que me ayude a guardarlo de una vez por todas en su cajón.

No hay comentarios.: