viernes, octubre 17, 2008

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Sin hombres y sin gatos. La idea no parecía tan descabellada con el primer parpadeo de la mañana, con los labios enrojecidos y suaves, las mejillas aún tibias. La vida viene a formarse de más: novelas de suspenso, un buen queso, infomerciales, sonidos de puertas, pasos, viento, fuego; caminatas largas, oraciones, silencio, insectos, charcos, aves, frío, manos de tinta y hojas de papel. La mujer emerge de mi columna vertebral, entera me contoneo hacia delante y detrás: un estremecimiento. Levanto el brazo derecho y se dobla haciendo una ligera caricia al viento. Mirar arriba mientras se aspira el dulce sentir de un respiro, es el inicio de una evocación que pretende liberar al hombre de sus virtudes. Olió el aire fresco de la mañana y sin abrir los ojos pudo mirar la lluvia de afuera, los zapatos salpicando pequeñas hormigas que cargan o arrastran hojas, piedras y basurillas en las banquetas, la tierra del viejo camino a casa, los adobes húmedos, las nubes espesas esponjan el cielo. En el balcón: la maceta. La gota se desprende lentamente del tejado, resuena al chocar con el barro y suelta un relajador sonido. Los pies fríos bajo las sábanas blancas salen, sientes el calor del tapete, la madera; las manos se dirigen hacia el tocador y toman un vaso de cristal con agua. De nuevo los pies en la madera, la cerámica y el agua que sale e inunda con vapor el cuarto. La cabeza mojada y el agua por los hombros, la boca, los párpados; los pies ya no están fríos.
El olor de canela apresuró mi cuerpo a la cocina, tomé la bata y sentí el aroma en mi nariz, garganta, estómago; tomé la taza y bebí el café con olor seco y dulce. Afuera un ave canta, pareciera que los pulmones abarcan la totalidad de su pequeño cuerpo rojo, al aspirar se infla desmesuradamente; su canto toma su cuerpo y el aire que en él estaba. Ave de un color y mil tonalidades, despréndete y dile al gato que vuelva a casa.

1 comentario:

káfe dijo...

aqui pasandole.