viernes, octubre 03, 2008

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Cerré la habitación con llave para que no me vieran llorar. Ellos están aquí en la casa, duermen en el cuarto de enseguida, en el sillón, en la sala. Semanas de casa vacía, silencio y polvo, quedaron atrás para volver el domingo, cuando se marchen. Me gusta olerlos, escuchar que guisan un huevo en la cocina y que a veces gritan o se besan. Me dan paz que si bien se acaba con las horas, es en ocasiones preferible a la soledad que susurra locuras, tristezas, y sueños que terminan por seducirme y me obligan a tomar un bus a otra ciudad o lo más lejos posible de todo lo ya conocido... Y sí cerré la puerta, giré la manija lentamente para no hacer ruido y que no se percataran del broche que les impidió verme llorar. Lloré por él y no sé si lo merezca, ni él ni yo, lloré. Lloro. Me duele. Aún cuando todos ellos están aquí y deseo abrazarlos en un tiempo indefinido, (marchan el domingo), lo quiero a él. y me hace falta. me pregunto si yo aún le haré falta, o al menos si seré apetecible como compañía.

6 comentarios:

magnolia dijo...

Lloré, lloro y lloraré, están, se van y no se irán.
Saludos, abrazos y besos interminables!

Catriela Soleri dijo...

Un abrazo de todo corazón.

Catriela Soleri dijo...

Un abrazo de todo corazón.

Catriela Soleri dijo...

Un abrazo de todo corazón.

Catriela Soleri dijo...

Papá Dios quiso que fueran tres :)

Jané dijo...

(sonrío)