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No puedo desistir más, y si me observa un Dios verá que tengo necesidad de hacerlo. No es que no me controle, es que no puedo contener placer sin evitar disgusto. Josias. Josias comienza a desvanecer mi necesidad de reposo, guía mi silencio hacia el peso de sus ojos serenos. No encuentro más jugoso manjar, ni el arte ni el fuego, es una deleitante criatura de cuerpo recto, piel blanca, aliento dulce, cuello de miel… Josias… estoy a punto de entrar en trance y mientras imagino su doble boca la idea se hace real entre mis manossszzss...
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viernes, diciembre 05, 2008
jueves, diciembre 04, 2008
sábado, noviembre 29, 2008
| El pollo y la trenza. Su última intención era vender la trenza de quien tanto amó, pero el hambre también devora a los poetas luego de semanas sin bocado. Agua por las tardes, noches, madrugadas, ni un trozo de pan, jamón o queso; sólo agua y esas pastillas que adelgazan cada vez más el fajo de dinero bajo el colchón. Pensó en gastar lo del medicamento en unas papas, cocerlas con sal y robar una barra de mantequilla, pero ¿y los delirios? Durante unos instantes permaneció afuera de la tienda con el billete arrugado dentro de su puño, miró los pollos girar con sus carnes jugosas, la grasa era un líquido luminoso que le hacia producir increíbles cantidades de saliva, el olor… ¿Le puedo ayudar en algo? Dijo en tono sarcástico la cajera de treinta y maquillaje pastoso. Y no la miró, sino que simplemente pensó en las noches sin dormir, la ansiedad resecando su piel, pero ese pollo, el estómago lleno, un eructo. ¿Hace cuánto no soltaba un ruidazo por la boca?, esos días de sentirse satisfecho y dejar la mitad del plato lleno no volverán, con ella se fueron los anhelos, la sopa, y sólo quedaron el hambre y su trenza. La trenza… su última intención era vender la trenza de quien tanto amó, pero podría juntar diez de los grandes, tener el medicamento, pollo, sopa, leche, uno o dos eructos diarios; ella hubiera querido eso, aún en vida se hubiese cortado el cabello de ser preciso, solía decir que nunca hay que descuidar cuerpo y espíritu por banalidades. Era inútil, sentía romperse los sesos y ya iban a dar las seis, guardó el cabello en un maletín y se dirigió al mercado a vender la pieza. Casi dos metros eran el largo, y un resplandor inigualable, el olor aún seguía: diez de los grandes le dieron y compró tres pollos. El banquete lo extrajo por instantes, sacudió el mantel roído, colocó los tres pollos en hilera recta frente a sí y con las manos comenzó a devorarlos uno por uno. Al tercer pollo y sexto eructo agradeció la existencia de la trenza y pensó qué podría hacer si vendiese nuevamente a su mujer; tal y como lo hizo cuando estaba viva y él comenzó con los delirios. |
miércoles, noviembre 26, 2008
lunes, noviembre 24, 2008
jueves, noviembre 20, 2008
jueves, noviembre 13, 2008

Vino de arriba para contemplar el todo desde abajo, escondió su piel ámbar con una capa gruesa que le cubría hasta los zapatos roídos. Taciturna, delgada, frágil como ala de insecto que vive del néctar que absorbe de las flores. En la aldea todos le apodaron la bruja que robó la luna, del astro no se supo nada desde su arribo a las calles agrietadas del lugar. ¡Es ella la que apagó el cielo!, canturreaban en círculo los chiquillos cada vez que salía de su choza para recolectar aullidos en bolsas de plástico.
Mujer, era una mujer que sobrevivía de pan y luz que daban por trabajar en la fábrica de quinqués. El turno nocturno era evidente en las líneas violeta alrededor de sus ojos y en su bajo peso. ¡A limpiar el pasillo! gritaba el jefe cada 28 días que dejaba espesos charcos de miel tras su paso. Le escurría el dulce por el abrigo, su olor es digno decir, era de una fémina en celo con ansias de ser admirada y seducida.
Una noche nadie le vio más, su tarjeta de entrada y salida de la fábrica quedó suspendida en un 5:45, desapareció el viernes 14 de noviembre. Su casa fue ocupada por un astrónomo ciego, amante de los garabatos cósmicos. Dicen las lenguas y libros, que en la cuarta semana la luna llena volvió a brillar. El cielo que fue un interminable suspiro oscuro se vio iluminado con luces intensas que sorprendieron a infantes y animales, los hombres maduros se quedaron atónitos, y el astrónomo murió envuelto en un torbellino de sonidos. En medio del estallido de millares de bolsas de plástico, los aullidos volaron y celebraron el regreso de Selene al cielo.
puso un anuncio:
Se busca hombre
que me volteé de cabeza.
Para burlar la violencia,
miedo, tristeza, e impotencia,
yo sólo pido
que me pongas pies pa´ arriba.
Voltéame
gírame despacio
tapa mis oídos
protégeme de la venganza ajena.
Vira mi cuerpo entero
porfavor.
Para que por un segundo parezca
que el mundo dejó de andar al revés.
martes, noviembre 11, 2008
.El hombre de la guitarra. Llevas medio día caminando descalzo por la brecha del río, el agua trenzada con millones de preguntas fluye en cualquier sentido y casi llegando a la orilla del planeta que te sostiene, se eleva en una cascada que escupe signos e insectos al espacio. La corriente va rápido, puedes mirar las palabras ir y venir, una antes que diez, veinte, setenta, y otras después de una. Van de izquierda a derecha y al revés, los signos se alejan colina arriba, abajo, sin percatarse del norte, sur, este y oeste; saltan, mojan rodillas, narices frías y acarician tus dedos empapados sin respuesta. En lo que debiera ser lo alto en la tierra, puedes ver un ave rechoncha de papel pecho amarillo. Se desliza por el cielo arrastrándose ligeramente en el humo obscuro de un cielo-agujero que cambia su horizonte cada siete parpadeos. Por ello te has arrancado las pestañas y exprimido el agua de los ojos, tanto lloraste hasta secarlos que olvidaste parpadear; y así fue, el horizonte no se moverá en años. Huele a nubes… Te percatas cuando tu estómago suena y emite sonidos parecidos al hambre. Escuchas deliciosas notas y sales del río aun con algunas preguntas enredadas entre los dedos, corres por el esponjoso césped color mostaza y sigues el olor; esquivas los árboles de lámina que contonean sus copas, revientas algunas piedras viscosas que se atraviesan en tu camino y saludas acordeones con ojos que descansan en sillas de tres patas. A unos metros de Él te detienes intempestivamente, aspiras su olor y lo contemplas en trance con su guitarra. Te recibe con voz de ave en las manos, un hilo de vapor juega entre sus dedos, resbala por las muñecas, lo envuelve lento y desenvuelve en figuras que evocan dioses reales de papel maché y mermelada. Sus labios enrojecen cuando los muerde al ritmo de cada nota, el viento se contagia y el carmín inunda la noche. Bailan mis sentidos hacia ti, revuelvo tus cabellos que flotan buscando gravedad. De nuevo tu estómago grrlhpp… creíste haber terminado con el hambre y que ibas a saciarte con sólo verle, grrlhpp… aún está allí. Te acercas más y suspiras sobre su hombro, abrazándolo por detrás. Y aunque no estás allí físicamente, sino que lo haces sentada desde el rincón donde lo escuchas, siente tu sonrisa que rebota en su mirada cómplice de luna al revés. Los listones melódicos ya no sólo salen de sus dedos, sino del cuerpo entero que pareciera sudar música, acaricia cada poro y enchina la piel. Luce extasiado entre el humo de sus notas, se entrelaza con el ritmo y moldea estrellas fugaces que emigran en forma de enanas explosiones. Como en un beso devoras el primer astro. Te mira, te estremeces, y de pronto son tantas las luces que flotan alrededor que dejas de comerlas. Acarician tu cuerpo, se absorben por la piel, sonrojan las mejillas y despierta tu vientre. Tomas las estrellas, las miras, acaricias, pisas, respiras, y cada que lo haces se multiplican. El planeta pareciera a lo lejos una enorme manzana con pecas brillantes. Los cuerpos chocan y se encienden, de los astros brota un tenue naranja que se transforma en rojo- violeta que sabe a miel. La atmósfera se humedece con las mareas que ahora suplantan todo lo que existía antes de verlo tocar de tan cerca, las olas no perturban su cuerpo alto, altísimo y delgado, dan volteretas que transforman la tierra, agua, aire y fuego en cada rincón. Se responden las preguntas, las copas caen de los árboles y devoran las armónicas, los troncos dan una cuarta pata a las sillas, sus labios y dedos anuncian que dentro del uniforme caos de la noche, nacerá un nuevo sol con alas de ave. |
viernes, noviembre 07, 2008
...El naranjo sin sal. Con las semanas subió la marea en sus ojos, la soledad como la luna le permitía desbordarse sin control y mojar la sala, cojines, libros y su delantal. Bastaba sentir que no había nadie más en casa para dejar correr sensaciones que lastiman el pecho y quiebran la voz. El mañana dejó de reflejarse en su espejo y al contrario de meses atrás, detestaba mirase y al instante quedarse de rodillas sobre el piso, buscando consuelo en la oración. Consuelo de idiotas decía su padre, no alivia, calma un rato y desaparece de la misma forma que llegó. Era su vida un húmedo ir y venir, saló el piso, las flores, incluso las comidas que preparaba eran agrias y pastosas. El llanto remplazó pronto la razón, y no hacía más que sentarse bajo el enorme naranjo a orilla del monte. Quiso dormir y ser árbol de hojas verdes en verano, doradas en otoño y permanecer desnuda en invierno. Esa tarde al regresar con los ojos habitualmente hinchados, pidió a él que apretara la cuerda. La miró y sin siquiera preguntar por sus ojeras y ese salado perfume, ató un fuerte nudo, imaginó que era para cargar la cesta repleta de naranjas, pensó en que la semana siguiente tendrían olor a mermelada perfumando el ambiente, pays, envasados. Naranja. Era un nudo y eso qué, creyó que sólo era un nudo y nunca imaginó que hubiese más, hasta que ella ya no estaba allí, dejó su delantal y sus pies, que seguían colgando luego de una semana. Ya no estaba. Sólo quedó una naranja que rodó por su mano y lanzó para aplastar galaxias de agua que ella creó, que brotaron de sus ojos para inundar otras tierras. |
jueves, noviembre 06, 2008
domingo, octubre 26, 2008
sábado, octubre 25, 2008
no hubo más opción hermanos míos
seamos caritativos con el alma necesitada.
El más galante, cortés, sensible, y perverso hombre que yo he tenido vino oportunamente a darme consuelo. Mientras nos tumbamos en el sillón recita inverosímiles moralidades, sus bellos desfiguros no permiten pensamiento que ose desacatar sus des-ordenes. Mira mi cuello, lo retuerce con alegría maligna, ¡qué locura, qué delicia de pecado!, lo sostiene con la mano entera al tiempo que suelta el bastón y levanta mi vestido, me llama Lucrecia, me muerde, y su mano recorre sagazmente mi entrepierna, sube fuerte y sin soltar mi cuello respira agitado, Lucrecia ¿quieres jugar conmigo?, me invita a simular que tengo doce años y él una caja entera de galletas. Jugamos, juega y pierde a Lucrecia, la pierdo a mitad de un respiro preorgásmico.
jueves, octubre 23, 2008
miércoles, octubre 22, 2008
lunes, octubre 20, 2008
Acaricia suave sin dejar de mirarme como cuando estamos solos. Te veo rodeado y me siento rodeada de cuerpos que como moscas deben ser espantadas. En tu nombre me quito los deseos momentáneos, roces, necesidades. Me dejo ir completa sobre este papel que sólo se lee en nuestra soledad, compañía y esperanza.
viernes, octubre 17, 2008
El olor de canela apresuró mi cuerpo a la cocina, tomé la bata y sentí el aroma en mi nariz, garganta, estómago; tomé la taza y bebí el café con olor seco y dulce. Afuera un ave canta, pareciera que los pulmones abarcan la totalidad de su pequeño cuerpo rojo, al aspirar se infla desmesuradamente; su canto toma su cuerpo y el aire que en él estaba. Ave de un color y mil tonalidades, despréndete y dile al gato que vuelva a casa.
jueves, octubre 09, 2008
viernes, octubre 03, 2008
martes, septiembre 30, 2008
Recién salió de otra crisis, y aún adormilada por los químicos la tenían por absuelta de los pecados que emergen del mucho sentir. Enfermedad, así la llamaban los doctores para apiadarse de su estado mental. La voltean sin pedir permiso y mientras dos sostienen sus muñecas, otro inyecta el sedante sin avisar que dolerá mucho, bastante, todo. Jalan la explosión cósmica que se derrama dentro, ciegan la pasión y roban la necesidad de fornicar por mero placer, por la obligación que surge del simple hecho de ser mujer. Sangran su nariz y boca, exprimen el sentir y duermen con sedantes su naturaleza. Duermen, no hay palabra más exacta para la labor de aquellos que con medicamento pretenden erradicar cualquier síntoma “anormal”, ella lo sabe, los deseos, las necesidades y el ansia que los mueve volverán. Esos ojos hoy muertos habrán de resucitar con centenares de sensaciones que quisieron aplacar, se iluminará su cuerpo en medio de un orgásmico big bang que culminará llevándola a otro sitio, donde emergerá como un inmenso ave asceta.
viernes, septiembre 19, 2008
La doctora quiere que vuelva con mi terapeuta dos veces por semana. Enumerar mis anhelos, recuerdos olvidados y moquear un rato si es preciso. Los ataques volvieron a instalar su rutina en mí, se nota a través de mis ojos y peso perdido que de nuevo hay que ir por ayuda profesional.
No creo en hadas ni sicólogos que curen, pero es la única manera se seguir con la caja de medicamentos en el buró, de no quedarme hipnotizada tres días sin comer, buscándome en la sopa recalentada de la semana pasada. Cinco inyecciones, todas en la misma nalga; un moretón físico que refleja a la muerte que siempre anda tras de mi jalándome lento de la realidad, como en un sueño, sólo que esta vez no la veo y sólo mi cuerpo le siente, se seca, se llena de soriasis, mientras la mente me aleja del todo a la nada, de la nada al todo, en un permanente existir nihilista.
miércoles, septiembre 03, 2008
domingo, agosto 31, 2008
miércoles, agosto 20, 2008
El gato dejó de lamerse bajo el techo de lámina cuando la vio salir con su vestido de siempre y sus tenis viejos. La niña alérgica a los calcetines se dirige a la escuela. La niña… la mujer de veinte con cuerpo de infante, sonrisa burlona y mente perspicaz. Un azul brilla con el sol, el pelaje del gato se ilumina mientras sale del tejaban, se estira, maulla, vuelve a maullar mientras se echa al concreto para seguirla con la mirada.
Si fuera por ella permanecería siempre bajo la protección que brinda tener la figura de una niña, no hay que pedir perdón ni coquetear, el infantilismo es virtud para quien desea pasar desapercibida y ser consentida por los mayores y los de su edad.
El gato retuerce su cuello y la sigue, bajo el brazo (ella) lleva un libro de hojas viejas y letras sueltas que caen de una en una, algunas permanecen inertes sobre el pavimento, otras flotan con el aire ligero y se enmarañan en sus cabellos negros.
Las a´s inundan el patio, mientras la cú y la efe se enredan entre sus pies. Ese, equis, te, ere, che, jota, ele… con delicadeza se quita una eme de los ojos, y vuelve a ver al gato que lame una zeta y avisa el final de este relato.
lunes, agosto 18, 2008
Los hombres y los cigarros.
Subió las escaleras de dos en dos, se detuvo frente a la puerta del departamento y sacó la llave entre un jadeo que le supo a los cigarros del mes. Debo dejar de fumar un poco, o cambiar mi vicio por otro menos desgastante que me deje respirar.
Al día siguiente se levantó, lo miró (a él) y mientras encendía un cigarrillo marchó echando humaredas.
jueves, julio 31, 2008

El museo tampoco llenará la barriga de los flacos, de los que viven del mínimo del salario mínimo, los que ves cruzar la calle Libertad con una maruchan, una coca cola, un cigarro suelto y si tienen suerte, un esniquer con almendras o un milqui wey.
Los conformes reclaman, piden que se haga aquello-esto-lo otro, piden que se cambie, remodele, aumente, mejore, apoye, construya “obstruya”, erradique ¡y a veces hasta eduque!
Y mientras complacen con armas, partidismos, guerras, desalojos, robos y apariencias, los complacidos y los complacientes (que son los mismos), siguen aplaudiendo y rezando con devoción la vieja fórmula de recibir promesas a cambio de voluntades.
Si el gobierno se ofreciera a concederme un deseo no pediría la paz, que erradiquen el narco, bajen los precios de las escuelas, apoyen al campo, defiendan con razón humana, desaparezcan, que me hagan funcionaria pública, paguen mi aborto, apoyen mi relación lésbica, me permitan adoptar un niño…
No. No sería nada de eso, esas son utopías. Yo pediría que Barritas (la marca de galletas) volviera a tener su presentación con relleno de higo. Hay cosas que la voluntad no puede cambiar, pero para todas las demás existe la política del populismo.
viernes, julio 25, 2008
Tomaré cualquier reconfortante para las múltiples violaciones que me han hecho, e incluso aquellas donde llegué a cooperar. Estaré dispuesta a volver a parir todo lo que permití que se llevarán de mí cuando aún estaba en flor, cuando era una hierba por excelencia que prometía crecer dentro del mejor clima.
Embriagaré tu afecto y lo convertiré en necesidad. Tendrás un cáliz con el vino de consagrar que corre por mis venas, y si en alguna noche de invierno vuelves a cantar otra vez, sentirás mi presencia, una onda calándote a gritos diciéndote que yo ya partí.
La felicidad contenida en ti será una procesión con cuernos y trompetas, donde la gente baile con la vejiga inflamada dentro de una red húmeda, una cadena los hará rechazar el desorden, comprando quizá humos azulados, llamas, cuerpos. Todo arderá durante un instante, antes de que te inclines para reconocer tu espejo.
Y no te maldigo, sería sencillo. Te denomino: AMOR.
lunes, julio 21, 2008
miércoles, julio 09, 2008

domingo, julio 06, 2008
Con el tiempo, creyó haberlo superado, como quien se cae de la bicicleta o se ve en el piso con las rodillas raspadas a mitad de un recreo. Sin embargo, aún creyéndolo, no está lo suficientemente convencida como para vivirlo ante sí misma.
Escapar se ha vuelto parte de su naturaleza: corta amistades con exagerados pretextos, abandona los trabajos a mitad de cualquier mañana sin siquiera renunciar, y desaparece sin aviso, sin suficiente lógica. Con el amor, también lo hace, se envuelve en paranoias para convertir su sentimiento en odio, en pura incomprensión.
Y se destruye, crea complots para poder huir y escapar con ese amargo sabor de tristeza y melancolía, deja lo querido para sentirse arrancada, despojada y débil, como aquélla vez.
Quizá no lo he superado, se da en ocasiones el permiso de pensar. Quizá no. Se repite al tiempo que lagrimea y abandona la escuela, la familia y un perfecto amor. Quizá, dice. Pero no puedo quedarme, suspira. Y toma su maleta, una vez más marcha con la nostalgia en el presente y la esperanza de una nueva e inminente huida.
sábado, julio 05, 2008
Te deseo de frente y te miro eternamente virando entre mi izquierda y mi derecha. Como hasta hoy, quédate aquí sentado junto a mí, deja que me pare, salte, corra, grite, llore, sonría, y cuando no te esté besando acompáñame de lado, para no perdernos nunca en el camino.
miércoles, julio 02, 2008
El Hombrecito.

Se cree muy hombrecito. Cuando toma una naranja del árbol frunce el ceño y se sienta en la banqueta a quitarle la cáscara con las piernas abiertas y los hombros inclinados hacia delante.
Finge no mirar a los demás niños, y que no le importa llegar a dominar la bicicleta sin llantitas. Los grandes leen comics, descubren cómo atemorizar a las niñas y cargan una palomita en la bolsa del pantalón.
Esos niños, susurra desenfadadamente mientras piensa si guardó el bote de crema de afeitar, que usó para simular una guerra de nieve entre las tortugas ninja y el unicornio de peluche de su hermana.
Él es un hombrecito. Mira con ojos maduros de hombre indiferente, igual que su padre. Pero basta un grito que en forma de salto le vuelve la niñez y lo lleva dentro de casa: ¡Santiaaago! Grita a eso de las seis su madre.




