Todos hemos sido felinos alguna vez.
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martes, febrero 07, 2012
sábado, julio 10, 2010
Panzer

El trato fue: la tortuga a cambio de los pasaportes. Pero para N, Panzer era más que poder huir, más que poder salir del país con M y echar nueva vida bajo el nombre de Elías Rojo y Catrina Campos. Mientras esperaba al traficante, sudaba. Quería desaparecer, anclarse al momento donde Papá Emilio llegó con una tortuga que más tarde, crecería y crecería hasta convertise en Panzer.
La pistola le hacía frío en la pierna. Era un hombre, sin duda, y volvía a sentirse niño mientras pensaba cómo llevarse el arma del tobillo al objetivo en caso de ser necesario. ¿Me extrañarás? le preguntó a Panzer seguro de que lo escuchaba. A veces cuando se sentía ajeno salía al jardín y se sentaba esperando a que le demostrara su cariño. Un rasguño, un parpadeo, una caricia con su mano rugosa. Nunca sucedió. No al menos en la vida real porque a sus amigos disfrutaba contando cómo Panzer se acercaba, apenas veía su sombra en el pasto.
Pero era todo. La tortuga a cambio de los pasaportes. El recuerdo tangible de Papá Emilio por no ser rociado en plomo, por la espalda seguramente, en cualquier sitio. Y esperaba. Apretaba los ojos para no dejar escapar los recuerdos, para hacerse fuerte y convencerse de que canjear a Panzer no era canjear a Papá Emilio. E intranquilo imaginábase ya en el avión. Con M a su lado, huyendo y sonriendo al mañana.

El trato fue: la tortuga a cambio de los pasaportes. Pero para N, Panzer era más que poder huir, más que poder salir del país con M y echar nueva vida bajo el nombre de Elías Rojo y Catrina Campos. Mientras esperaba al traficante, sudaba. Quería desaparecer, anclarse al momento donde Papá Emilio llegó con una tortuga que más tarde, crecería y crecería hasta convertise en Panzer.
La pistola le hacía frío en la pierna. Era un hombre, sin duda, y volvía a sentirse niño mientras pensaba cómo llevarse el arma del tobillo al objetivo en caso de ser necesario. ¿Me extrañarás? le preguntó a Panzer seguro de que lo escuchaba. A veces cuando se sentía ajeno salía al jardín y se sentaba esperando a que le demostrara su cariño. Un rasguño, un parpadeo, una caricia con su mano rugosa. Nunca sucedió. No al menos en la vida real porque a sus amigos disfrutaba contando cómo Panzer se acercaba, apenas veía su sombra en el pasto.
Pero era todo. La tortuga a cambio de los pasaportes. El recuerdo tangible de Papá Emilio por no ser rociado en plomo, por la espalda seguramente, en cualquier sitio. Y esperaba. Apretaba los ojos para no dejar escapar los recuerdos, para hacerse fuerte y convencerse de que canjear a Panzer no era canjear a Papá Emilio. E intranquilo imaginábase ya en el avión. Con M a su lado, huyendo y sonriendo al mañana.
viernes, junio 25, 2010
miércoles, junio 09, 2010
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lunes, enero 12, 2009
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